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…Podríamos decir, que la pintura de Pepa Burillo es, una pintura de signos, como una caligrafía pre-lingüística y pre-histórica; la estructura cromática nítida y rotunda como un torso clásico; y lo que ocupa (o vela o impregna o penetra o rellena o tiñe: aire quizá, o luz insinuada. Entre esos planos, y del eco de sus voces a veces simultáneas y a veces en secuencia, se aparece, luminoso, el verdadero cuadro, del que lo pintado es llave y tránsito.
Pero todo eso se proyecta desde la materia pictórica, y en ella encontraremos las numerosas sorpresas que ofrece la mano, no simples gestos hábiles, sino algo más parecido a la risa, al contento que siente la inteligencia a cada oportunidad de ejercerse. En este punto de encuentro de la mano y el ojo lo que se presenta como agradable fruto del oficio es toda una historia de las cosas vistas, que la mano devuelve como historia de sus propios logros: la belleza de un gesto a un tiempo económico y suntuoso en el complejo despliegue cromático de la textura pictórica….
Roberto Ripio